Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de agosto de 2014

Colección de eBook's de Gaterías!

El día de hoy (ya no me acuerdo ni que día fue ese) me dí a la tarea de subir esta pequeña lista de libros a mi nube de Google Drive a petición de una amiga. La idea inicial era enviarle archivo por archivo pero eran demasiados. Después de ver que entre todos hacían más de 200 mg's no tuve otra opción más que subir una carpeta con todos los libros a la red. 

La lista no es pequeña, tampoco grande, tampoco es tan variada pero seguro sí tiene muchas horas de entretenimiento. Cuenta con varios títulos de autores mayormente conocidos. Son pocos los autores y sí muchos los libros de los pocos escritores, para ejemplificar mejor está el caso de Stephen King del cual se incluyen más de 25 títulos. 

Todos se encuentran en un catalogo para mayor comodidad, así se descarga titulo por titulo y no toda la biblioteca completa. Incluyen "La muerte niña" de Carmen Rioja, libro muy apreciado y del cual ya he hablado en el blog, solo espero el permiso por derechos de autor que me concedió Carmen siga en píe. Por cierto y para acabar con el chisme respecto a ella, ya la conocí y me firmo mi libro. Es guapa.

No menciono que más incluye la lista porque la dejo más adelante, del mismo modo pueden revisar ya dentro del enlace que también se encuentra abajo. Espero poder contar con el tiempo para ir actualizando la colección añadiendo algunos más. Y espero que no denuncien la misma por derechos de autor.

Recuerden que esto no es piratería, es para análisis y posterior compra. Una colección de eBook's no tiene la belleza de una estantería con olor a hojas viejas.A lo ultimo la suma de que consume la batería de tu dispositivo y es más cansado a la vista.

[Según mis memorias iba a decir algunas cosas más pero este post se retraso ya un mes.]


 
Carpeta Google Drive

https://drive.google.com/folderview?id=0ByPnpOnUBzapd3ZTRnE1eFZhMkE&usp=sharing

sábado, 5 de noviembre de 2011

Carmen Rioja - La Muerte Niña


A dos meses haber sido autorizado para compartirlo. A dos meses de tenerlo listo para subirlo. Casi al año de comenzar a con la tarea de difundir el libro finalmente hoy está disponible para quien le antoje. 

Si me han seguido en publicaciones pasada se habrán percatado de que ya hay algo del libro en entradas anteriores. Cuentos sueltos subidos uno por uno, transcritos del libro letra por letra. Me hicieron el favor de escanearlo y quedó muy bien, gracias por cierto. 

Es un libro al que le tengo especial cariño. Lo he leído 2 veces entero de corrido y algunas más incuantificables en fracciones. Lo encontré por estas fechas en 2008 (fue un buen año) en un puesto de baratijas, lo compré junto con otro (que no he leído) por no más de $15. Lo he compartido con personas muy particulares de las cuales a una le tengo que agradecer el plastificado y que me lo haya devuelto. Fue en ese préstamo cuando temí no verlo nunca más que incluso emprendí la búsqueda de otro ejemplar con resultados nulos. Hasta por desconocido me encanta. Es buena lectura, lo he presumido muchas veces y no me canso de hacerlo, si han tenido contacto conmigo podrían aseverar lo que digo. 

Dentro de las cosas que lo hacen tan singular en mi pequeña colección es el hecho de que quien lo escribió nació el mismo día que yo pero 3 lustros atrás. 

Fue de un tiraje muy corto pero aun así pretendo hacerme de un ejemplar más, tal vez dos de hacer posible lo que hoy parece infactible. He tenido el gusto de intercambiar unas palabras vía e-mail con Carmen Rioja, la creadora de éste peculiar libro, aunque no he tenido la atención para preguntar si hay mas obras de su autoría. Parece ser que ni ella tiene una copia de ésta. Es un libro que roza tanto la locura que resulta irónico que su búsqueda y vida termine con resultados similares. 

Gracias a todos los interesados en leer el libro, esta entrada es para ustedes y sobre todo gracias a la Srta. Rioja por permitirnos deleitarnos con sus escritos y claro por haber otorgado el permiso para que esto pudiera ser publicado en Gaterias!.




La Muerte Niña©

Autor: Carmen Rioja. 
Formato: .pdf
Tamaño: 35.6 Mg
N.p. 93 (en 52 imagenes) 
Descarga por Mediafire: www.mediafire.com/?3vwio66dohjxc42

Con una marcada inclinación por hechos y personajes poco comunes, Carmen Rioja asoma a un mundo escrupulosamente patológico; la muerte y la locura son desenlaces frecuentes, pero en ningún caso sobrados o falsos. No se trata de textos oscuros, cada uno de los cuentos pone en juego una serie de recursos que permiten una interpretación vertical tanto del carácter humano como de la atmósfera que lo limita i libera a la vez.
Gatuperio es una reunión diversa de voces recientes, que evade modelos preestablecidos por los criterios comunes en colecciones convencionales.

Todos los derechos reservados. 
Cualquier reproducción o publicación total o parcial sin consentimiento del autor se considera un delito.



miércoles, 17 de agosto de 2011

La Muerte Niña - Tres vodkas para dormir [part 5]

Cavallo. Por qué está escrito con v. Está en italiano. Cuánto tiempo es posible quedarse acostado en el piso sin que la ausencia en la mesa llame la atención. Llega el cansancio, tengo ojeras y se me corrió el rímel. Prefiero dormir aunque deba regresar a cenar con los otros.

—     Veo la enorme puerta del salón; es pesada y negra. Adentro hay otro mundo: pensar en abrirlo intimida a cualquiera.
—     ¿Crees que la generación industrial futura nos aventaje?
—     Puede ser que no exista otra generación.

Dejo la puerta en paz. Se puede flotar por los largos pasillos; no, sólo yo puedo hacerlo. Sería de lo más gracioso orinarse en la silla del comedor. Es incómodo que el baño quede tan lejos, pero así puedo tropezar sin culpas, nadie puede ver la trayectoria. Flores rosas y verdes sobre la mesa. Pink and green. Cavallo, El paisaje de este grabado debe ser italiano. Una persona mareada puede caerse. Está bien dormir un rato, no está mal el piso.  Cuánto tiempo llevo, no es posible medirlo. ¿Cómo saber si pasa un minuto o cinco mientras orinas? Se mide con la letra de una canción. Una canción dura tres minutos. Quise motivar tu vida….Yo sólo quise quererte.

—     Churchill se hacía el sordo cuando le convenía. No le contestó al príncipe. Luego, para darme confianza me dijo: “It may be not a generation”.

El piso es de cuadros, hay mugre en las juntas de azulejo. Aquí hay restos diminutos de jergas; junto, un cabello oscuro y más acá un charco de sangre. Ja, qué chistoso se ve. Sale de adentro de mi pelo. Ahora sí estoy borracha. Ya no retengo la orina, los músculos se distienden. Cavallo, caballito blanco del Medioevo, casi unicornio. No encesté el papel en el basurero. Es muy ligero el dolor en la cabeza, parecía que iba cayendo suave y lento cuando me estrellé  contra el suelo; un crujir seco y hueco de nuez al quebrarse retumba en mi pecho. Mejor que nadie me viera caerme de borracha. Habrá alguien que quiera entrar al baño. Cuánto tiempo llevo. Tal vez ya contaron todos los chistes buenos y las historias de la Reina. No veo la puerta del salón, tengo ganas de abrirla. ¿Y si me quedo en el baño, si no regreso? Es que no he salido nunca de aquí. Hace rato que oigo una sirena cantar. No, no es de mar, es una ambulancia aullando a la luna. Ya no hace falta que vengan por mí, se me salió toda la sangre y se me bajó el cuete. Lástima, tan buena parranda.

martes, 10 de mayo de 2011

La Muerte Niña - Los caminos de las balas [part 4]

Se frota la piel de la frente, empuja y restriega el pellejo. Un deseo oculto de alivio lo impulsa a repetir la acción, compulsivo. Pienso, trato de recordar mi nombre, de saber quién soy. Es el malestar del estómago el que me obliga a hacerlo. Con el pie tamborilea el suelo. Hay un espejo enfrente, la imagen que le devuelve es exacta, tanto, que se desfasa de mi propia concepción. Es ahí donde se encuentra consigo mismo, en el interior de las pupilas que revelan el cansancio. la conciencia de su espíritu desgarbado y descompuesto. No hay retorno, sólo me resta andar la brecha, terminar con lo que empezó: su propia destrucción. No hay dudas ni necesito justificación. Se torna en algo necesario. Una pistola en la mano, por momentos firme para permitir el acierto en la sien. Será hoy porque cada día que pasa es más tarde. Cada minuto es más tarde para los otros, ellos, los que el azar interseca en su camino. Resulta lógico, desprovisto de emociones; en su lugar la razón, juego de la mente que acomoda las piezas para significar cualquier cosa, en este caso la muerte benéfica. Habrá que librarlos de tragarse las babas y mocos, salvarlos de su cuerpo que hace tiempo comenzó a apestar. Ahora es el momento para acabar con la larva. Romper el círculo del padre al hijo, de éste al mío. Decido que así lo haré, no más carrera en espiral.


Mató a su hijo, mató al primogénito de cinco hermanos, hoy se cumple un año. Quería enseñarle a ser hombre, que aprendiera de la siembra, de los animales. Yo lo quería muy hombresito. Desde chico el niño andaba conmigo todo el día. Aquella mañana lo levanté temprano, había fiesta en el pueblo. Escogí un cerdo, saqué la pistola y apunté al animal en el centro de la cabeza. Así, hijo. La bala hizo dio en el hueso sin perforarlo, una herida, un rebote en el cráneo duro que cambia la dirección. El hombre mira el cerdo cómo chilla y corre; escucha la exhalación del ni{o que cae al suelo: la bala perforó su pecho por un costado.

Él sabe que nada cambia, que el malestar en el estómago y los chillidos del cerdo al fondo de su cabeza no callarán. Tiembla la mano que acerca el cañón a la sien. Terminar con lo que empecé. También soy un animal. Un animal no debe quedar moribundo nomás. Un espasmo en el estómago; el dolor lo impulsa, le da el coraje para disparar. Un trueno de agua se rompe en mi cráneo. Por un momento el dolor es insoportable, lo ocupa todo, pero ya no he de atormentarme, el fuego cesa. Hay silencio. Un momento en absoluto silencio..

El estómago reacciona y mis músculos jalan una honda bocanada de aire, se llenan los pulmones. Ha respirado y no sabe por qué su cuerpo aún reclama oxígeno. Mi mano izquierda se mueve en un reflejo hacia la cabeza. Luego ve la mano manchada, suelta la pistola. Decide tocar la frente; ambos brazos acceden, siente que la frente arde. Busca su imagen en el espejo. Hilos rojos espesos surcan el rostro. Aún percibe a su idéntico en el cristal. Descubre os orificios de la bala a uno y otro lado de la frente, hubo una trayectoria. Los frontales hinchados y deformes. Estoy muerto. La misma basura. Seguiré pudriéndome hasta ser gusanos vivos. Recuerda al cerdo que no moría, no quiso acabar de matarlo; por días y semanas estuvo echado en el corral. hasta que los gusanos al fin se lo comieron, hasta que todo fue un amasijo de larvas.

Es espejo me devuelve la imagen nítida. Inclina su cuerpo a la derecha. Extiendo el índice y lo llevo hacia adelante; observa la misma acción frente a sí. Piensa que sueña en reventarse el cerebro y no lo consigue, ´pienso en el niño que palidece en la cama y se lleva toda la luz de la habitación.

Cualquiera otro podría explicarme cómo es que no morí. Fue el doctor el que lo puso claro. Tiene suerte, dijo el doctor. Eso me dijo el imbécil: "Tiene suerte".

lunes, 24 de enero de 2011

La mécanique du cœur - Mathias Malzieu [libro + disco]

De La mécanique du cœur sé realmente nada. Si me entere de su existencia fue en un intercambio de recomendaciones de vídeos musicales que debían verse, así "alguien" compartió La mécanique du cœur vídeo de la banda Dionysos. La primera impresión del vídeo no fue el aspecto visual, pues mas allá de eso la música es muy buena y tiene clase, el francés es (parece) para los latinos algo a lo que no te puedes resistir y, los instrumentos, el tono de la voz, la otra voz, la femenina hacen que sea envolvente hasta cerrando los ojos. 

No sé o no recuerdo si lo leí y lo olvide, que para el caso reditúa en lo mismo, el que no sepa si el libro fue para el disco o al revés pero el libro lo escribe Mathias Malzieu el vocalista de la banda. Lo que sé es que recomiendan leer el libro y después escuchar el cd, aunque también he leído que esos mismos que recomiendan el libro o/y el álbum no creen que sea necesario el leer el libro para escuchar el disco ni a la inversa, mientas que algunos otros que también son en ocasiones los mismos primeros si aconsejan leer el libro mientras suena la música a modo de soundtrack. 

Aun que si lo he escuchado no le he puesto la atención que debería. No obstante si tiene dos rolas que me encantaron: la primera pues es la que es el tema principal y Candy Lady con  la parte femenina en español, un español raro en el que hubo una parte particular que no termine de entender bien para donde iba lo que querían expresar cuando dice "Hablaran los dios", por obviedad se podría deducir que siendo el verbo plural el sujeto igualmente debería serlo, pero pues no es así. No es que no lo haya entendido ni malentendido, es eso precisamente, que lo deje como pensando que tal vez, tal vez podría significar otra cosa que no sea la obviedad. 

El disco lo pueden descargar de aquí: Disco[Teca]

Es un tanto tonto hablar de algo que algunos no sabrían de que trata ni para donde va, así que dejo el vídeo. Tiene subtítulos en ingles.


¿En cuanto al libro? De eso les puedo decir un poquititito mas que nada pues no lo he leído a pesar de que ya lo tengo desde junio del pasado año, y es que particularmente ese año, por algún modo no fue un año para leer, leí poco, muy poco... o bueno, si leí pero ningún libro, solo comics, unos muy buenos pero, eso ya es otro cuento. Lo que si se es que lo recomiendan bastante. Recientemente lo vi en un tianguis, la portada llama mucho la atención por ser muy bonita la ilustración, además de que sobresalía entre los títulos muy comerciales como Crepúsculo, Cien Años de Soledad,

, no me atrevería a decir que esta completo pero estoy casi casi seguro de que lo esta. Lo pueden descargar dando clic en la imagen. Pesa 699.42 KB, tarda un segundo en bajarse. Solo hay que esperar unos segundos para después dar clic en 'Descarga Normal".

Cuando me lo lea les contare, y cuando lo lean me cuentan.

 


Para una reseña del libro visitar el blog Book Storage.


miércoles, 17 de noviembre de 2010

La Muerte Niña - Principio de incertidumbre [part 3]

Al recordar la cita que tenía a esa hora, Albert se apresuró a cruzar el parque zigzagueando como las abejas entre los nogales. Se dirigió a la cafetería. Eran las ocho en punto en su reloj cuando se aproximaba a la puerta. A su paso encontré algunos rostros familiares, estudiantes, conocidos; luego se sentó en una de las mesas del centro. La caminata lo dejó exhausto: durante el recorrido practicaba su discurso para el próximo congreso de física. Hacía varios meses que estaba absorto en su proyecto. Pidió un café y comenzó a beberlo a sorbos mientras esperaba al otro de la cita. Su pensamiento se acomodó de forma precisa. Entonces se puso a escribir sobre los pequeños espacios libres que quedaban en las hojas.

Las voces se multiplicaban por los ecos del salón y a pesar de la cantidad de gente en la cafetería, para Albert el murmullo era música suave. Pasó un buen rato y el sujeto en cuestión no aparecía. Sacó algunas monedas del bolsillo para pagar el café; el mesero se las llevó. ¿Era a las ocho o a las ocho y media? Una noción que el tiempo alteró facilmente. No recordó el tema que tratarían. Esperó, nadie llegó a su mesa. De nuevo, dejó unas monedas junto a la taza para pagar el café y salió dispuesto a seguir los andadores de regreso. Tenía la superstición de recuperar una idea al repetir sus últimos pasos. Esta vez, no sucedió así.

El bar también podía ser el sitio de la cita, por eso se encaminó hacia allá. Sólo dos cuadras lo separaban y pensó que no arriesgaba mucho: volvería pronto. Y se fue andando por la acera del parque hasta llegar a su destino.

Albert se decepcionaba por no encontrar a nadie. Mientras, el otro llegó a la cafetería, venía de buscar en el bar y ahora esperaría un rato allí, ordenó un expreso; comenzó a escribir en su pequeña libreta mientras pasaba el tiempo, así no olvidaría las frescas ideas. Tiempo atrás, se convenció a sí mis moque era posible la dilatación de un segundo. Con tan sólo manipular la energía de manera adecuada podría recorrer una realidad paralela no visible.

Después de asegurarse que no estaba adentro del bar, ni siquiera en el baño, Albert emprendó el regreso a la cafetería, no sin pensar que ya era tiempo de irse a casa. Pero la noche era agradable: el aroma de las magnolias provocaba una delicada embriaguez. Siguió el camino dispuesto a hacer el último intento.

El otro terminó su taza de café y se levantó, ahora estaba seguro de marcharse. En ese momento, Albert alcanzaba ya la puerta principal de acceso. Al tiempo, el otro dejaba caer algunas monedas en la mesa; en el último vestigio de esperanza levantó la mirada y vio a Albert solo. En cambio, Albert lo vio entre la gente, la figura del otro sobresalía de los demás. Reconoció de inmediato el rostro completo. Quedó pasmado ante lo que tenía enfrente: era su mismo cabello blanco despeinado, el mismo suéter gris, el mismo saco de pana amarillo. El otro reaccionó tras descubrirlo: Albert era igual a sí mismo, llevaba una libreta en la mano, gastada como la suya. Se quedaron detenidos, callados, de frente, si acabar de meterse el uno y de marcharse el otro.

Reaccionaron a un tiempo, como dos pistoleros que preparan las manos junto a las cachas. No era posible coexistir. ¿Cuál de los dos era el verdadero? Las muñecas giraron rápidamente como expertas pistoleras; con décimas de segundo de diferencia, miraron sus respectivos relojes de pulsera. El más lento, desapareció; y el otro alcanzo a comprenderlo. Aún eran las ocho de la noche en punto.







Ilustración: libro "Momo" de Michael Ende

jueves, 11 de noviembre de 2010

La Muerte Niña - Esos objetos verdes y húmedos [part 2]

A mi hijo le regalaron una en su cumpleaños. Él jugaría con ella por un tiempo para después olvidarla. Qué mente diabólica era capaz de regalar semejante preocupación. Era yo quien tendría la obligación y una tarea más que cumplir aunque no estuviera en condiciones de hacer un compromiso ni tuviera el tiempo para dedicárselo. Por ningún motivo me iba a hacer responsable de la criatura. Era preciso que la cuidara el niño. A la vez mi complejo de culpa amenazaba con provocarme una crisis si no me hacía cargo del pequeño dinosaurio.

Al día siguiente el reptil quelonio se llamó Renela; pensé que era más apropiado para una rana pero las tortugas y las ranas tienen sus semejanzas, especialmente hablando de tortugas de agua. Por eso me gustó el nombre. Si Renela iba a vivir con nosotros y yo quería cuidarla, tenía que asegurarme que tuviera el ambiente adecuado para sobrevivir. Recordé que mi hermana tenía tortugas de agua desde hacía tiempo. Pero como yo no era el responsable, le pedí a mi mujer que le llamara y averiguara si había una lista de instrucciones y cuidados que seguir.

Una piedra de calcio con forma de tortuga, exclusivamente agua de garrafón en su acuario, comida sólo dos veces a la semana(esto último me pareció muy conveniente); ah, y si de pronto notábamos que la tortuga no abría los ojos sería por que el agua era muy dura. En ese caso habría que medicarla, de otro modo la tortuga sería incapaz de ver el alimento y moriría de inanición.

Definitivamente no podía seguir mi vida. La cajita verde parecía como un terrible y muy húmedo problema. Ahora debía vigilar los ojos de la tortuga. No sé cómo, pero al segundo día Renela y su acuario fueron a parar a mi habitación, en el mueble que está entre la cama y la computadora donde trabajo. Le hice una isla con una piedra donde pudiera tomar el pedazo de sol que entraba por la ventana; cuando me acercaba verla se echaba graciosos clavados al agua. A ratos parecía observar el movimiento de mis manos. Cuando nos quedábamos solos en la casa, Renela y yo disfrutábamos juntos el silencio.

Sucedió que los parpados de Renela se pegaron. En adelante tuve que poner gotas medicadas dos veces al día en cada uno de sus microscópicos ojos, los cuales hubo que mantener abiertos para la correcta aplicación. Para saber a quién odiar, traté de imaginar la cara de la mamá que envió con su hija una complicación tan verde, pero nunca la había visto y no me pude formar una idea.

Una tarde se me ocurrió algo trágico, la tortuga podía sentirse sola. Estaba sola. Un cajón de plástico sin más que una isla de piedra. Ni una hoja, ni un espejo donde mirarse. La tortuga podría morir de tristeza: estaba completamente sola. En menos de dos días, me había decidido por comprarle un compañero. Al fin que tratándose de animalillos de cinco centímetros, no podía decir que dos quitaran mucho espacio o demasiado alimento. Tampoco que cuidar a dos sería mayor problema. En cambio, Renela sería feliz.

Así fue que visité al veterinario. Tenían cinco tortugas nadando junto a los peces. Escogí la más grande no sé por qué, tal vez porque era la que parecía haber vivido más tiempo, y por lo tanto mayores posibilidades de supervivencia., supongo. Sospeché en mí el miedo a la muerte. Tan pronto me entregaron la bolsa de plástico con el agua protectora, me dije que el animalito era mío y no de mi hijo como Renela. Le pondría un nombre de mi agrado. Una mascota para mí. Ea la primera, porque no recordaba haber tenido mascotas. Entonces se me ocurrió Cronopio, me pareció el nombre más encantador y desde luego el más apropiado para alguien con quien uno ha decidido encariñarse. Cronopio sería mi tortuga, si es que las tortugas pueden poseerse.

Cronopio llegó a la casa y conoció a Renela. Decidí cambiar el acuario de vuelta a la cocina donde el aire era más cálido, ahora estaba preocupado por el frío del otoño. En cuanto a las vi juntas me desilusioné tan pronto que daba tristeza. Cronopio era demasiado azul y ni tenía la franja naranja en el cuello, sino apenas una mancha amarillo nicotina. Además algo tenía Cronopio que no era tan simpática como Renela; para ser precisos, parecía que no me caía muy bien Cronopio. Pensé en que era una lástima que Cronopio fuera mi mascota en lugar de Renela siendo la segundo más agraciada, pero en ese caso Cronopio era un nombre desperdiciado en una tortuga antipática. Me arrepentí de gastar el nombre tan rápido, sin antes haber conocido mejor a la nueva tortuga. Cronopio, Cronopio, Cronopio. Después de un rato de observarlas, comencé a notar que Cronopio era mucho más nerviosa: a cualquier movimiento en el cuarto, Cronopio pataleaba como una loca y se daba de topes con la pared del acuario; además contagiaba a Renela de su nerviosismo. Les cambié el agua y les puse alimento, pero durante las dos horas en que la observé, Cronopio no comió y tampoco pareció acostumbrase a mi presencia. Estaba muy alterada. No debía juzgarla con tanta aspereza, debía considerar que Cronopio llevaba un tiempo viviendo en la veterinaria de un centro comercial a donde nunca llegaba un rayo de sol. Tal vez en un par de semanas se sentiría mejor.

Cronopio debió sentirse despreciada. Al día siguiente, al despertar, me acerqué al acuario a supervisar la temperatura del agua. No estaba ahí. Cronopio había desaparecido. Cuánto tiempo lograría sobrevivir sin agua. Era imperativo encontrala. Busqué por todos los rincones de la cocina. Detrás del microondas, debajo del mantel, en los cajones. Pudo caer en el cesto de la basura porque estaba muy junto de la barra de la cocina. Busqué entre los desperdicios de fruta, huevo y cáscaras de papas apestosas, sentí cosquillas en la mano y de un salto atrás me alejé tres metros, imaginé una cucaracha, pero no podía dejar inconclusa la búsqueda en el cesto: vacíe el contenido en el piso de la cocina y examiné pedazo por pedazo hasta la última porción. No la encontré. Tal vez el caparazón de Cronopio había estallado al golpear con el piso. Me hinqué y con na linterna apunté hacia los rincones que se formaban detrás de la estufa. El piso estaba lleno de pelusas y casi no podía ver. Busqué detrás y abajo del refrigerador. Era posible que estuviera atorada con un cable o con la tubería del gas. De rodillas, me fui a la sala, porque quizás había avanzado. Abajo de los sillones sólo había juguetes, un zapato, una batería doble a y el bolígrafo que perdí hace tres meses. Pasé horas en la misma postura, recorriendo la sala y la cocina, no busqué arriba porque una tortuga no puede escalar. Pero sí podía rodar por las escaleras hacia el sótano, donde sería imposible encontrarla. De todas formas bajé , miré atrás de las puertas, encontré sólo arañas. Anduve arrastrando muebles, cajas, trapos, discos viejos con el temor de que me saliera un alacrán o una viuda negra y por accidente me picaran. Una telaraña se enredó en mi pelo, manoteé para zafarme. Imaginé una araña encima de mí, sentí comezón en la espalda, piquetes en la pierna.

Han pasado tres días ya y Cronopio no aparece. Mañana saldré de viaje; me voy con la angustia de no haberla encontrado. Para colmo, Renela no se ha movido de una esquina y no sale a comer. Casi no la he visto salir a respirar y cuando meto la mano tampoco se mueve, debe estar triste, es como si fuera viuda. No puedo hacer nada sino esperar. Sólo espero encontrar a Renela viva cuando regrese.

Lo primero que hice al volver a casa fue ir a ver a Renela. Ha sobrevivido pero sigue triste. Compré una tortuga de plástico para que se sienta feliz. Es casi de su mismo tamaño; la encontré un una juguetería cuando comprábamos un rompecabezas para Pablo. Se la puse en su acuario ayer en la mañana. Es del mismo color que Renela. Pero no se mueve y Renela no se le acerca. Una idea terrible se me apareció esta mañana: que Renela podría interpretar uqe la tortuga de plástico es una tortuga muerta porque no se mueve ni come o sale a respirar. Qué pensaría entonces Renela. Si la de plástico es la única tortuga que conoce y ésa esta muerta, entonces puede creer que todas las tortugas de su universo están muriendo y sospechara un destino similar para ella misma. Entonces Renela morirá pronto a consecuencia de esta noción y por imitación de comportamiento. Encima de todo, Renela ha estado muy quiera y al ver a la otra tortuga tan quierta no puede más que imitarle. Pronto mi Renela dejará de respirar.

Corrí a sacar la tortuga de plástico. Luego hice una segunda búsqueda exhaustiva. Como que presentía un Cronopio por los rincones. Los cronopios no desaparecen por completo: no se les ve, no se les tiene pero están allí. Lo que me dolía era que no terminaba, que el círculo no se cerraba, que no había silencio. La incertidumbre, el extravío eran más angustiantes que el conocimiento de una muerte. Pienso en los niños perdido que aparecen en los cartones de leche. Tiene razón aquél que me dijo: alguien debiera decirle a esos padres que su hijo está muerto, por caridad, alguien debía presentarles un cuerpo irreconocible, decirles, ése es su hijo, no lo busque más, ya puede llorar su muerte. Pero la constante espera, la incertidumbre, la duda misma, era insoportable. Al menos muerta pero debo encontrar a Cronopio. No sé si debiera comprar otra tortuga, pero temo perderla también. Además no podría llamarla Cronopio, porque ni siquiera sé si Cronopio vive. No podría resolver porque Cronopio es en sí un enigma. No podría llamar a otra tortuga Cronopio pues qué pasaría si el primer Cronopio apareciera. Además quizá al llamar así a una segunda tortuga estaría condenándola a un destino ya marcado, como el del primer Cronopio, entonces la segunda se perdería igual que la primera, yo compraría un tercer Cronopio y esto sería una carrera infinita. Pronto estaríamos llenos de Cronopios extraviados, cientos de Cronopios emergerían de la alfombra, de la basura, del excusado, nunca podríamos saber al encontrarlos qué número de Cronopio encontramos y por eso en realidad ningún Cronopio sería encontrado jamás. Tal vez el error fue precisamente llamarla Cronopio. Hasta donde recuerdo los cronopios eran seres rebeldes, desordenados. Así son los cronopios. Yo le di el nombre. Sin tan sólo hubiera dejado a un lado mis pretensiones literarias y la hubiera nombrado sencillamente Tortuga, nada de esto ocurriría. Pero quise llamarla Cronopio y no sólo eso, sino que en el fondo soñaba con que su pequeña cantidad de materia hiciera tangible la esencia del cronopio. Y ahora es cierto: se ha materializado o mejor dicho antimaterializado en cronopio.

Para entender lo que está pasando, anoche releí a Cortázar. Nunca me hubiera sospechado cuánto me ha traicionado el inconsciente pues no recordaba que decía "Los cronopios vinieron furtivamente, esos objetos verdes y húmedos". Y más adelante: "Si todavía los cronopios (esos verdes, erizados, húmedos objetos) / anduvieran por las calles, se podría evitarlos / con un saludo: —Buenas salenas cronopios cronopios". Entonces supe; supe cúan equivocado estaba. Era evidente que el Cronopio se iría, que el Cronopio sería todo tristeza verde. Luego sigue "Yo tengo n reloj con menos vida, con menos casa y menos acostarme, y soy un cronopio desdichado y húmedo". Si tan sólo le hubiera puesto Fama, además de ser femenino, porque también dice"Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan en medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: 'No vayas a lastimarte', y también: 'Cuidado con los escalones' ". Y precisamente eso es lo que he encontrado y lo que molesta como cuchillo de palo: el cronopio no se va de cierto, no acaba de irse, se queda transparente y ahueca el alma. Lo busco por los rincones para que me susurre al oído y diga que sigue verde. Pienso en las madres que se vuelven locas cuando pierden un hijo. Insisto en que al extravío es peor que la noción de muerte. El extravío se contagia.

Han pasado tres meses ya. Anoche tuve una idea cuando le conté a Guillermo la historia de Cronopio. Y entonces él, para compartir, contó la historia de Humphry y cómo después de perdido por seis meses apareció. Él hizo lo mismo en un periódico de circulación nacional y le funcionó, a mí también podría darme resultado. Hice veinte letreros diminutos que dicen: "Se busca objeto verde y húmedo de cinco centímetros, responde al nombre de Cronopio, se dará recompensa en especie: queso, carne, pan, etc." Los coloqué por toda la casa, en los rincones más visitados por los bichos. Olvidé incluir a las arañas, pero ya estoy escribiendo uno que dice: "También se darán moscas".

Yo busco en sueños extraviados por callejones oníricos que desconozco. Casi siempre en ellos huelo cosas verdes como algas, cosidad verde y húmeda que nunca alcanzo. Pero de día es peor porque la cosidad la tengo por dentro. Algunos insectos devoran una parte de su prole para asegurar la supervivencia de los otros. Me pregunto si es posible que me haya tragado a Cronopio y ahora mismo está siendo parte de mis pulmones y de la queratina de mis uñas. Hablamos de un quelonio, de un reptil. Somos parte reptil y parte mantis religiosa. Somos Cronopio, cosidad verde y húmeda. "No vayas a lastimarte." "Cuidado con los escalones."

miércoles, 10 de noviembre de 2010

La Muerte Niña (Sinopsis) [part 1]

Diseño de la portada: Manuel Cruz
(no es precisamente la portada aun que si la ilustración)

Con una marcada inclinación por hechos y personajes poco comunes, Carmen Rioja asoma a un mundo escrupulosamente patológico; la muerte y la locura son desenlaces frecuentes, pero en ningún caso sobrados o falsos. No se trata de textos oscuros, cada uno de los cuentos pone en juego una serie de recursos que permiten una interpretación vertical tanto del carácter humano como de la atmósfera que lo limita i libera a la vez.
Gatuperio es una reunión diversa de voces recientes, que evade modelos preestablecidos por los criterios comunes en colecciones convencionales.

jueves, 27 de mayo de 2010

Déjame Entrar - John Ajvide Lindqvist

Comenzando a compartir "cosas".

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiXbjKFJkW_LsKNXJp7i4VLPAhpOsB2krabS1ntwvcE2aqYG4QiEPLkFqqO_Fp1-wNFog-tUsasdlPX4jbp64dsZ3xgTkyZ-OBybGBPWe3gkDmJFt2hTijlf7Gs4lsxsiNmrglDVXrcWOc/s400/D%C3%A9jame+entrar.jpg

De donde se inspira Låt den rätte komma in (Suecia), Let The Right One In (Gringolandia), Déjame Entrar (países habla hispana).

Recordé que tenia por ahí tenia el libro cuando una "chica" (no me consta) publico recomendaciones de libros y menciono a "Anna Rice" (así lo escribió) y me acorde de la peli que se comparo mucho con Crepúsculo y lalala y tan can blam. A mi en lo particular me agrado la cinta aun que no se me hizo fantástica, eso de los vampiros enamorados de mortales y al revés es algo a lo que ya estamos acostumbrados no?, la novedad es que era con morritos :S.

Aun no acabo con el libro, pero puedo decir que existe la posiblildad de que cambie mucho la perspectiva de la historia ya que tiene algunas cosas que se muestran mas crudas (Oskar tenia incontinencia y se hacia pipis en una esponja, por dar un ejemplo).

Subiré mas cosas. Veré que mas puedo compartir y ya les avisare.

Formato: PDF
Tamaño: 1.44 Mg
N.p. 416 pgs


SINOPSIS: Oskar, un niño solitario y triste que vive en los suburbios de Estocolmo, tiene una curiosa afición: le gusta coleccionar recortes de prensa sobre asesinatos violentos. No tiene amigos y sus compañeros de clase se mofan de él y le maltratan. Una noche conoce a Eli, su nueva vecina, una misteriosa niña que nunca tiene frío, despide un olor extraño y suele ir acompañada de un hombre de aspecto siniestro. Oskar se siente fascinado por Eli y se hacen inseparables. Al mismo tiempo, una serie de crímenes y sucesos extraños hace sospechar a la policía local de la presencia de un asesino en serie. Nada más lejos de la realidad.



Descargar
(nuevo enlace 04-01-12)